Las emociones como foco de
interés se han abierto paso en nuestra vida laboral debido al impacto
indiscutible que tienen en ámbitos como clima laboral, productividad,
compromiso con la organización, liderazgo, etc.
Tener una vida emocional
saludable, se ha convertido en condición de éxito no solo en el ámbito
laboral sino que también en el personal.
¿Cómo lograrlo?.
Tendemos a pensar que existen
emociones positivas y negativas, pero hoy sabemos que lo negativo es
reprimirlas, expresarlas de modo inadecuado o estancarnos en alguna
emoción.
Nuestra vida emocional se
relaciona con nuestra evolución como seres humanos, y cuando nos traen
sufrimiento, es posible que nos avisen que hay algo que debemos
cambiar.
Las emociones que nos generan
felicidad nos conectan con lo que queremos realmente, y que no siempre
consideramos en nuestros proyectos de desarrollo. Entonces, ¿Hay algo que podamos hacer para tener una desarrollo emocional sano y feliz?
Sabemos que nuestra vida emocional depende en gran medida de nuestros sistemas de creencias y los significados que damos a nuestras experiencias. Entonces, ¿Cuáles son los juicios o creencias profundas que nos permiten conectarnos con emociones “felices”?, Mencionaremos algunos: Creer que el mundo es abundante, que hay para todos; Creer que tenemos todos los recursos para salir adelante, es decir, creer en nosotros mismos; Creer que algo bueno vendrá para nosotros; Creer que somos dignos de ser felices, de amar y ser amados. Hoy en día existen diversos caminos para aproximarnos a la conexión con estos sistemas de creencias más posibilitadoras, muchos ejecutivos ya sea por iniciativa propia o de la empresa están tomando Coaching o entrenamientos para desarrollar la Inteligencia Emocional, y cada vez más, las áreas de RRHH están incorporando estas temáticas en el desarrollo de sus planes de capacitación, y desarrollos de carrera.
Cualquiera sea el camino que tomemos para ser
emocionalmente más felices, se hace necesario optar, y tomar la
decisión de elegir la gratitud en vez del resentimiento, elegir creer
en la abundancia más que en la escasez, elegir el amor, al miedo, y
elegir la esperanza en vez del pesimismo.
Considerar las emociones en el diseño de nuestros
proyectos vitales y ejercer la libertad que tenemos para optar por lo
que es bueno pensar, nos abre posibilidades de construir una vida más
plena en la que podamos expresar nuestra integralidad, y lograr
sentirnos verdaderamente felices.


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